Cuando el salario no alcanza para pagar la comida, el alquiler, la luz o el gas, endeudarse deja de ser una elección.
Los datos muestran una realidad que no se puede ocultar: la mora se disparó, las deudas absorben cada vez más parte de los salarios y miles de trabajadores recurren al crédito para cubrir necesidades básicas.
Si para vivir hay que endeudarse, el problema no es individual: es el resultado de una política económica.
No queremos salarios que alcancen apenas para pagar deudas. Queremos salarios que alcancen para vivir.












